11 de mayo de 2009

Una invitacion ESPECIAL

“¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” La respuesta a esta pregunta del Salvador es evidente: Absolutamente nada.
Sabemos que hemos venido al mundo porque aceptamos participar de un plan perfecto, el cual fue preparado por Dios para nosotros, sus hijos; el plan de Dios nos permite pasar por esta vida mortal para ser probados, progresar, y finalmente estar en condiciones de volver a su presencia.
No hemos venido a otra cosa. No hemos venido a tener una casa propia, ni un buen trabajo, ni un auto, ni el último artefacto electrónico. Tampoco hemos venido a ser famosos, ni a conseguir los aplausos y reconocimiento del mundo. No vinimos al mundo a buscar placeres irresponsables, ni a dar rienda suelta a nuestras debilidades y pasiones.
Todo esto no es más que “Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad.” A aquellos que viven buscando la felicidad en esas cosas vanas “les sucederá como el que tiene hambre y sueña, y le parece que come, pero cuando despierta, su estómago está vacío”. Por el contrario, el que se alimenta constantemente del “pan vivo que descendió del cielo… vivirá para siempre”.
Todos los miembros de la Iglesia hemos participado en algún momento de este “Pan de Vida”, nos hemos deleitado en verdaderos banquetes espirituales, y hemos sentido la paz que solo Dios puede darnos cuando obedecemos sus mandamientos. No obstante, hay algunos de nosotros que luego de haber probado del fruto que “es el más precioso y el más apetecible de todos los frutos” se han alejado del árbol de la vida, y hoy se sienten solos, perdidos y desorientados, dedicando su vida a hacer mucho para conseguir nada. Es a estos hermanos que se han alejado a quienes queremos extenderles nuestra invitación: ¡Vuelvan al camino! ¡Disfruten nuevamente de la compañía del Espíritu Santo! No importa cuánto se hayan alejado, ni tampoco el por qué. Todo, absolutamente todo tiene solución gracias a Jesucristo. ¿Qué más hay que esperar? Hoy es el día en que pueden volver a su Iglesia y volver a ser “conciudadanos de los santos”. Nosotros, sus hermanos, estamos más que deseosos de ayudarles, y estaremos muy felices de recibirlos nuevamente. Los extrañamos, y los queremos.

Los hermanos de la Rama Ushuaia,