
La Torta de Sandra
La imagen que tienen los jóvenes de sus líderes les transmite un modelo permanente de practicas del Evangelio.
Caricatura de Sandra Barcos, por Abril Hibauza (con sus escrituras y su arsenal de cosas)
2 tazas de harina leudante.
Así es como comenzamos ese sábado a la tarde.
Mientras una batía el huevo con aceite (hasta la mitad de la taza), las otras atendíamos y escuchábamos a nuestra líder, que nos iba dictando y enseñando a hacer SU torta.
La torta de Sandra, así es como llamamos comúnmente a ese bizcochuelo sencillo y económico que ella nos enseñó a hacer.
Le agregamos una taza de azúcar y la mezclamos con la harina, para luego agregarle esa extraña mezcla batida del huevo y aceite. Reímos cuando nos turnábamos para rallar la cáscara del limón (directamente sobre la mezcla –nos enseñó- para que no pierda propiedades) porque nos cansábamos o tal vez, porque queríamos ayudar en lo que fuera.
A esa rara cosa semi-húmeda que había dentro del bol le empezamos a agregar leche. Ahí fue cuando, además aprendimos una expresión de ella. - ¿Cuánta leche? –le pedíamos una medida, pero ella no fue tan especifica, aunque nunca vamos a olvidarnos, ni vamos a necesitar recordar ‘tantos centímetros cúbicos’. - Hasta que quede “chirlongui” –nos contestó, para sorprendernos y enseñarnos, con total naturalidad.
Mezclamos y mezclamos (con un tenedor, nada de batidora) hasta que nos quedó una mezcla escurridiza, según ella “chirlongui”. Enmantecamos y enharinamos la “fuente con el agujero en el medio” y colocamos ahí la mezcla.
La torta de Sandra, demuestra como son nuestras líderes: una verdadera sorpresa. Uno no sabe que se va a encontrar adentro, puede ser chocolate, frutas o dulce de leche. Así son ellas, cuando nos dan las clases, cuando exponen sus ideas y pensamientos. Nos enseñan a esforzarnos, a ser dedicadas y perseverar. Con líderes así, nos dan ganas de hacer, de cumplir. Nos llaman el día de la mutual y preguntan si vamos a ir, y ¿Cómo decirles que no? No hay excusas cuando las imaginas esperándote en la capilla o en sus casas, a veces con la torta que aprendimos a preparar en esa mutual.
Probamos la torta, no solo ese día, sino cada vez que la volvemos a hacer. Y las recordamos, recordamos a nuestras líderes, a las personas que nos están enseñando, no solo a preparar tortas, sino a vivir el evangelio en su plenitud.
Arielle y Abril Hibauza