21 de julio de 2009

Familias pioneras

La Familia Orellana

Cuando uno ve a Omar y Raquel ve solvencia, compromiso con la obra, entrega y madurez.
Quizás ellos no imaginaron que su sueño de vivir en el sur, con el propósito de fortalecer su vínculo matrimonial, fuera una decisión que marcaria su vida tanto temporal como espiritualmente.

En diciembre del año 1991 Omar se radicó en esta ciudad, solo con la promesa de un futuro mejor, sin conocer a nadie y sin la certeza siquiera de que el Evangelio que él había abrazado en su ciudad de Salta “la linda” estuviera instalado aquí, pero no fue un impedimento para el anhelado deseo de la pareja de aventurarse a conocer estos remotos lugares.

Fue así que el primer domingo que el hermano Orellana asistió a la capilla de 25 de Mayo y Gobernador Paz, fue el primero de muchos domingos donde pudo conocer hermanos que, para su asombro, inmediatamente extendieron sus manos y lo hicieron sentir bienvenido, no solo a la Iglesia sino también a sus propias familias.

Muchos recuerdos de aquellos grandes y pequeños gestos iluminan el rostro emocionado del hermano Orellana al repasar esos momentos.

Lejos de sus familias paternas, el evangelio le bendijo con el amor fraternal de los que más adelante pasarían a ser para él :“hermanos con todas las letras”.

Al cabo de un mes Raquel se unió a su esposo, donde todo era nuevo y muy distinto a lo que juntos habían experimentado en sus cinco años como matrimonio.

Esta nueva situación, donde debieron enfrentar desafíos y problemas, reforzó su relación como esposos y con el Señor.

Dentro de los desafíos por enfrentar fue encontrar un lugar donde poder vivir, en esa época era muy dificultoso conseguir un lugar apropiado y posible de pagar; así que tras alojarse durante un mes en una pensión, dieron, por referencia con la hna. Sara Silva, miembro de la iglesia que alquilaba departamentos.

Afortunadamente pudieron alquilar allí y para su bendición junto a ellos vivían los misioneros de la rama; que cumplieron una importante misión para este matrimonio joven, la de ser un apoyo permanente al vivir el Evangelio de Jesucristo.

Hoy, el matrimonio reflexiona sobre la experiencia obtenida en la Rama Ushuaia: “He aprendido a abrir mi corazón y querer a las personas, a ser amiga, a valorarlas en lugar de pensar en lo que yo espero de ellas”, nos comenta Raquel.

Omar claramente piensa en transmitir esa ayuda recibida a las nuevas generaciones: “Hemos aprendido a ser buenos tíos, hermanos, padres, en las ocasiones que el Señor lo ha requerido. Ojalá podamos hacerles sentir a los matrimonios jóvenes que su sufrimiento ya lo hemos vivido... que no estan solos.”

La familia Orellana es otro pilar de nuestra Rama Ushuaia y posee un legado de experiencia y conversión que los hace ser una herramienta valiosa en las manos del Señor y una fuente de recursos y consulta para quienes buscamos seguir al Salvador.